La Influencia del Entorno en la Participación Ciudadana

En: Administración Pública Escrito por: Silvana Gomez a las: 6:12 am

18 Jan

12

Pedro Prieto Marín, considera la  participación ciudadana como “cualquier actividad dirigida a influir directa o indirectamente en las políticas públicas”, realizada tanto por los ciudadanos individuales como por todo tipo de colectivos y asociaciones que éstos formen. Esta amplia definición engloba actos tan variados como votar, acudir a manifestaciones o incluso enviar sugerencias a una oficina gubernamental.

Ahora bien, ¿este concepto de participación ciudadana se ha mantenido en el tiempo, o podemos afirmar que el entorno tiene una influencia en su determinación?

Podemos definir el entorno, como el conjunto de valores naturales, sociales y culturales existentes en un lugar y en un momento determinados, que influyen en la vida del ser humano y en las generaciones venideras. Es decir, no se trata sólo del espacio en el que se desarrolla la vida, sino que también comprende las relaciones entre todo lo existente. Es donde un individuo humano vive con determinadas condiciones de vida, condiciones de trabajo, nivel de ingresos, nivel educativo, esto determinado o relacionado a los grupos a los que pertenece.

Por otro lado nuestra facultad de juzgar, de distinguir lo bueno y lo malo, lo que está bien de lo que está mal, depende de nuestra facultad para pensar, no en el sentido, por ahora, de que el pensamiento (performativo) pueda producir por si mismo buenas acciones, en el entendido que las virtudes no pueden enseñarse ni aprenderse, solo se enseñan los hábitos y las costumbres, y cuando una circunstancia nueva exige un cambio en las costumbres y pautas de conductas, es muy fácil desaprender y olvidar.  Bien y Mal, Mores y ethos, costumbre y hábitos; allí llega la respuesta a la pregunta inicial, en la relación de una palabra con las normas de conducta, Hábitat como nuestros hábitos.

La Participación Ciudadana es un hábito, y como tal implica el comportamiento repetido regularmente, y el comportamiento viene regido por la interacción entre un organismo y su entorno.

La participación de los ciudadanos en la vida administrativa, a la que se refiere nuestra definición inicial, es  un concepto rigurosamente contemporáneo, en el siglo XIX y antes de este  podemos decir que el termino no habría sido comprendido ni imaginado siquiera, la Administración era un atributo personal del Príncipe cuyo gobierno tiene por misión y como tal rigurosamente separada de la sociedad, esa separación se subraya con la definición de un status singular de los funcionarios, cuya situación tiene a explicarse como una relación de fidelidad personal con el Príncipe, es allí, en ese preciso momento,  donde continua a ser operativo el principio Monárquico de la forma de provisión de los cargos públicos. En este entorno, resulta casi imposible pensar en una participación ciudadana, y mucho menos transmitir estos valores de participación. Es luego el modelo de Democracia que pretende llevar la participación ciudadana mediante el sufragio a una voluntad general, que se sitúa en el Parlamento como un órgano central y soberano, nuestro Príncipe ahora es la Ley y solo a ella obedecemos, quedando nuestra participación ahora política en el plano de la representación para la construcción de esa voluntad general. Ahora hay un entorno de participación democrática.

Pero la crítica del modelo burocrático, línea base de toda democracia, es el que lanza por vez primera el tema de la participación ciudadana desde una perspectiva nueva, quebrantar las cadenas de agentes burocraticos, ordenados sobre el simple esquema formal del mando y la obediencia e impermeables al medio social en el que actúan, nace la idea de la descentralización territorial, un nuevo entorno nos rige, y el poder deja de ser un mero garantizador del orden público para convertirse en un gestor de las regulaciones objetivas como prestador activo de servicios.

¿Podemos afirmar que el entorno tiene una influencia en la Participación Ciudadana? La respuesta es afirmativa, el entorno va definir gran parte de nuestra conducta, por lo menos en el comportamiento  establecido en la ley, ahora adquieres un nuevo sentido la expresión “El Estado soy YO”.

Referencias.

GARCIA DE ENTERRIA, Eduardo. Principios y Modalidades de la Participación Ciudadana en la Vida Administrativa. Libro Homenaje al Profesor José Luis Villar Palasi. Civitas, 1989. p. 437-452.

ARENDT, Hannah. La Vida del Espíritu. Paidos, 2002. p. 470 passim

WIKIPEDIA. (s.f.). Participación Ciudadana. Recuperado el 18 de Enero de 2012, de http://es.wikipedia.org/wiki/Participaci%C3%B3n_ciudadana

WIKIPEDIA. (s.f.). Comportamiento. Recuperado el 18 de Enero de 2012, de http://es.wikipedia.org/wiki/Comportamiento

WIKIPEDIA. (s.f.). Habitat. Recuperado el 18 de Enero de 2012, de http://es.wikipedia.org/wiki/H%C3%A1bitat

WIKIPEDIA. (s.f.). Entorno Social. Recuperado el 18 de Enero de 2012, de http://es.wikipedia.org/wiki/Entorno_social

Silvana A. Gómez Mercado
silvana.gomez@inusev.org
www.silvanagomezm.com
@sgomezm

El Pastor y la Oveja

En: C-VALORES Escrito por: Silvana Gomez a las: 3:49 am

15 Jan

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Falta una… donde esta? es la oveja que siempre desobedece….
Hermoso video… con un mensaje #performativo.

La Mujer como Activo Economico.

En: Dignidad Humana Escrito por: Silvana Gomez a las: 8:36 pm

6 Jan

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Convertir a las mujeres en activos económicos es la inversión que proporciona las mayores tasas de rendimiento. Ni los más desalmados podrían oponerse…

Está demostrado que los países que incorporaron a las mujeres a su economía formal fueron los que más crecieron. No solo porque la fuerza de trabajo creció, sino porque ellas han invertido en la educación de sus familiares y han ahorrado tanto que las tasas de ahorro nacionales se dispararon. A este fenómeno se le llama, no casualmente, “el efecto niña”.
El despegue económico de China y el sudeste de Asia, donde las mujeres fueron el motor, son los mejores ejemplos.
Los microcréditos, que les dan autonomía y formación, han sido una revolución. Las cifras lo avalan: Una de cada tres socias de Kashf, una prestigiosa asociación paquistaní, había superado el umbral de pobreza de país tras apenas su tercer préstamo.
En Ruanda, después del genocidio que dejó un millón de personas asesinadas, un 70% de la población era femenina. Así que las mujeres jugaron un rol definitivo en la reconstrucción del país, que hoy tiene una de las mayores tasas de crecimiento de África. Y, para sorpresa de muchos, tiene proporcionalmente más mujeres en el Parlamento que los otros 191 países del mundo.
La mayoría de estas historias tuvieron un final feliz, pero no porque grandes agencias internacionales intervinieran o porque los gobiernos indignados reaccionaran.
Las vidas de estas mujeres cambiaron porque personas comunes y corrientes decidieron actuar.
Cuando George Bush retiró los 34 millones de dólares que su país aportaba al Fondo de Población de la ONU, una profesora jubilada en California decidió recaudarlos ella, a un dólar por persona. Al mismo tiempo una abuela en Nuevo México comenzó una cadena de cartas pidiendo lo mismo y en la ONU comenzaron a llover sobres con billetes de un dólar. Las dos mujeres se conocieron y fundaron la asociación34 millones de amigos. Cuando Obama anunció que volvería a financiar al UNFPA, Jane Roberts y Lois Abraham habían recaudado 4 millones de dólares y creado una red que continúa trabajando.
Cuando el bebé de Ann Cotton murió recién nacida, la mujer galesa decidió que quería hacer algo en su honor y comenzó a pagar la educación a 32 niñas en Zimbabwe. Hoy la Campaña para la Educación Femenina, o Camfed, ha educado a un millón de niños en cinco países africanos.
Murvelene Clark, una mujer de Nueva York con ingresos modestos pero suficientes, decidió donar el 10% de su salario a una ONG que hace micropréstamos a mujeres. Claudine, una madre soltera ruandesa, aprendió a bordar y salió de la pobreza con sus 27 dólares mensuales.
Tú debes ser el cambio que deseas ver en el mundo”, decía Gandhi. Como Jane y Lois, o Murvelene y Ann todos podemos ayudar. Y para hacerlo no necesitamos ir a Somalia ni fundar una asociación.
¿Quieres encontrar un proyecto que necesita ayuda? Global Giving (www.globalgiving.org) te permite buscar entre cientos de iniciativas, desde escuelas rurales hasta proyectos de salud o equipos deportivos. Tú decides a cuál apoyas y estarás al corriente de cómo marcha el proyecto.
¿Quieres ayudar a alguien a salir adelante?Kiva (www.kiva.org) te permite buscar entre cientos de personas que tienen un proyecto y necesitan un micropréstamo. Siempre estarás al tanto de su progreso.
¿Lo que te llega al alma es la educación?Givology (www.givology.org) te permite ayudar a niños en países en vías de desarrollo a completar la escuela primaria. Puedes escoger desde estudiantes individuales hasta proyectos escolares.
¿Quieres patrocinar a una mujer o a un niño?Women for Women International(www.womenforwomen.org) te ayuda a encontrar a la mujer que quieres ayudar, y World Vision (www.worldvision.org) a un niño.
¿Quieres ir personalmente? Plan International(www.plan-international.org) te ayuda a encontrar un proyecto que necesita voluntarios.
¿Quieres ser oída? CARE Action Network(www.can.care.org) te informará de las denuncias que están haciendo, para que te sumes a sus campañas de información y divulgación.
¿Quieres Performar el Mundo que conoces? (www.inusev.org) te ayudara en ello y te informara como puedes hacerlo.
Estos son apenas unos primeros pasos, pero para alguien más serán kilómetros de ayuda…
Fuente Texto: http://www.enfemenino.com
Fuente Infografia: Nicholas Kristof

Feminismo vs Machismo 2.0

En: General Escrito por: Silvana Gomez a las: 11:59 pm

3 Jan

12

¿Que pasa cuando el feminismo y el machismo se encuentran?

Excelente comercial Argentino, que vale la pena meditar.. espero que lo disfruten…

MENSAJE DE SU SANTIDAD
BENEDICTO XVI
PARA LA CELEBRACIÓN DE LA 
XLV JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ

1 DE ENERO DE 2012

EDUCAR A LOS JÓVENES EN LA JUSTICIA Y LA PAZ

www.inusev.org.ve


1. El comienzo de un Año nuevo, don de Dios a la humanidad, es una invitación a desear a todos, con mucha confianza y afecto, que este tiempo que tenemos por delante esté marcado por la justicia y la paz.

¿Con qué actitud debemos mirar el nuevo año? En el salmo 130 encontramos una imagen muy bella. El salmista dice que el hombre de fe aguarda al Señor «más que el centinela la aurora» (v. 6), lo aguarda con una sólida esperanza, porque sabe que traerá luz, misericordia, salvación. Esta espera nace de la experiencia del pueblo elegido, el cual reconoce que Dios lo ha educado para mirar el mundo en su verdad y a no dejarse abatir por las tribulaciones. Os invito a abrir el año 2012 con dicha actitud de confianza. Es verdad que en el año que termina ha aumentado el sentimiento de frustración por la crisis que agobia a la sociedad, al mundo del trabajo y la economía; una crisis cuyas raíces son sobre todo culturales y antropológicas. Parece como si un manto de oscuridad hubiera descendido sobre nuestro tiempo y no dejara ver con claridad la luz del día.

En esta oscuridad, sin embargo, el corazón del hombre no cesa de esperar la aurora de la que habla el salmista. Se percibe de manera especialmente viva y visible en los jóvenes, y por esa razón me dirijo a ellos teniendo en cuenta la aportación que pueden y deben ofrecer a la sociedad. Así pues, quisiera presentar el Mensaje para la XLV Jornada Mundial de la Paz en una perspectiva educativa: «Educar a los jóvenes en la justicia y la paz», convencido de que ellos, con su entusiasmo y su impulso hacia los ideales, pueden ofrecer al mundo una nueva esperanza.

Mi mensaje se dirige también a los padres, las familias y a todos los estamentos educativos y formativos, así como a los responsables en los distintos ámbitos de la vida religiosa, social, política, económica, cultural y de la comunicación. Prestar atención al mundo juvenil, saber escucharlo y valorarlo, no es sólo una oportunidad, sino un deber primario de toda la sociedad, para la construcción de un futuro de justicia y de paz.

Se ha de transmitir a los jóvenes el aprecio por el valor positivo de la vida, suscitando en ellos el deseo de gastarla al servicio del bien. Éste es un deber en el que todos estamos comprometidos en primera persona.

Las preocupaciones manifestadas en estos últimos tiempos por muchos jóvenes en diversas regiones del mundo expresan el deseo de mirar con fundada esperanza el futuro. En la actualidad, muchos son los aspectos que les preocupan: el deseo de recibir una formación que los prepare con más profundidad a afrontar la realidad, la dificultad de formar una familia y encontrar un puesto estable de trabajo, la capacidad efectiva de contribuir al mundo de la política, de la cultura y de la economía, para edificar una sociedad con un rostro más humano y solidario.

Es importante que estos fermentos, y el impulso idealista que contienen, encuentren la justa atención

en todos los sectores de la sociedad. La Iglesia mira a los jóvenes con esperanza, confía en ellos y los anima a buscar la verdad, a defender el bien común, a tener una perspectiva abierta sobre el mundo y ojos capaces de ver «cosas nuevas» (Is 42,9; 48,6).

Los responsables de la educación

2. La educación es la aventura más fascinante y difícil de la vida. Educar –que viene de educere en latín– significa conducir fuera de sí mismos para introducirlos en la realidad, hacia una plenitud que hace crecer a la persona. Ese proceso se nutre del encuentro de dos libertades, la del adulto y la del joven. Requiere la responsabilidad del discípulo, que ha de estar abierto a dejarse guiar al conocimiento de la realidad, y la del educador, que debe de estar dispuesto a darse a sí mismo. Por eso, los testigos auténticos, y no simples dispensadores de reglas o informaciones, son más necesarios que nunca; testigos que sepan ver más lejos que los demás, porque su vida abarca espacios más amplios. El testigo es el primero en vivir el camino que propone.

¿Cuáles son los lugares donde madura una verdadera educación en la paz y en la justicia? Ante todo la familia, puesto que los padres son los primeros educadores. La familia es la célula originaria de la sociedad. «En la familia es donde los hijos aprenden los valores humanos y cristianos que permiten una convivencia constructiva y pacífica. En la familia es donde se aprende la solidaridad entre las generaciones, el respeto de las reglas, el perdón y la acogida del otro»[1].Ella es la primera escuela donde se recibe educación para la justicia y la paz.

Vivimos en un mundo en el que la familia, y también la misma vida, se ven constantemente amenazadas y, a veces, destrozadas. Unas condiciones de trabajo a menudo poco conciliables con las responsabilidades familiares, la preocupación por el futuro, los ritmos de vida frenéticos, la emigración en busca de un sustento adecuado, cuando no de la simple supervivencia, acaban por hacer difícil la posibilidad de asegurar a los hijos uno de los bienes más preciosos: la presencia de los padres; una presencia que les permita cada vez más compartir el camino con ellos, para poder transmitirles esa experiencia y cúmulo de certezas que se adquieren con los años, y que sólo se pueden comunicar pasando juntos el tiempo. Deseo decir a los padres que no se desanimen. Que exhorten con el ejemplo de su vida a los hijos a que pongan la esperanza ante todo en Dios, el único del que mana justicia y paz auténtica.

Quisiera dirigirme también a los responsables de las instituciones dedicadas a la educación: que vigilen con gran sentido de responsabilidad para que se respete y valore en toda circunstancia la dignidad de cada persona. Que se preocupen de que cada joven pueda descubrir la propia vocación, acompañándolo mientras hace fructificar los dones que el Señor le ha concedido. Que aseguren a las familias que sus hijos puedan tener un camino formativo que no contraste con su conciencia y principios religiosos.

Que todo ambiente educativo sea un lugar de apertura al otro y a lo transcendente; lugar de diálogo, de cohesión y de escucha, en el que el joven se sienta valorado en sus propias potencialidades y riqueza interior, y aprenda a apreciar a los hermanos. Que enseñe a gustar la alegría que brota de vivir día a día la caridad y la compasión por el prójimo, y de participar activamente en la construcción de una sociedad más humana y fraterna.

Me dirijo también a los responsables políticos, pidiéndoles que ayuden concretamente a las familias e instituciones educativas a ejercer su derecho deber de educar. Nunca debe faltar una ayuda adecuada a la maternidad y a la paternidad. Que se esfuercen para que a nadie se le niegue el derecho a la instrucción y las familias puedan elegir libremente las estructuras educativas que consideren más idóneas para el bien de sus hijos. Que trabajen para favorecer el reagrupamiento de las familias divididas por la necesidad de encontrar medios de subsistencia. Ofrezcan a los jóvenes una imagen límpida de la política, como verdadero servicio al bien de todos.

No puedo dejar de hacer un llamamiento, además, al mundo de los medios, para que den su aportación educativa. En la sociedad actual, los medios de comunicación de masa tienen un papel particular: no sólo informan, sino que también forman el espíritu de sus destinatarios y, por tanto, pueden dar una aportación notable a la educación de los jóvenes. Es importante tener presente que los lazos entre educación y comunicación son muy estrechos: en efecto, la educación se produce mediante la comunicación, que influye positiva o negativamente en la formación de la persona.

También los jóvenes han de tener el valor de vivir ante todo ellos mismos lo que piden a quienes están en su entorno. Les corresponde una gran responsabilidad: que tengan la fuerza de usar bien y conscientemente la libertad. También ellos son responsables de la propia educación y formación en la justicia y la paz.

Educar en la verdad y en la libertad

3. San Agustín se preguntaba: «Quid enim fortius desiderat anima quam veritatem? – ¿Ama algo el alma con más ardor que la verdad?»[2]. El rostro humano de una sociedad depende mucho de la contribución de la educación a mantener viva esa cuestión insoslayable. En efecto, la educación persigue la formación integral de la persona, incluida la dimensión moral y espiritual del ser, con vistas a su fin último y al bien de la sociedad de la que es miembro. Por eso, para educar en la verdad es necesario saber sobre todo quién es la persona humana, conocer su naturaleza. Contemplando la realidad que lo rodea, el salmista reflexiona: «Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado. ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para que de él te cuides?» (Sal 8,4-5). Ésta es la cuestión fundamental que hay que plantearse: ¿Quién es el hombre? El hombre es un ser que alberga en su corazón una sed de infinito, una sed de verdad –no parcial, sino capaz de explicar el sentido de la vida– porque ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. Así pues, reconocer con gratitud la vida como un don inestimable lleva a descubrir la propia dignidad profunda y la inviolabilidad de toda persona. Por eso, la primera educación consiste en aprender a reconocer en el hombre la imagen del Creador y, por consiguiente, a tener un profundo respeto por cada ser humano y ayudar a los otros a llevar una vida conforme a esta altísima dignidad. Nunca podemos olvidar que «el auténtico desarrollo del hombre concierne de manera unitaria a la totalidad de la persona en todas sus dimensiones»[3],incluida la trascendente, y que no se puede sacrificar a la persona para obtener un bien particular, ya sea económico o social, individual o colectivo.

Sólo en la relación con Dios comprende también el hombre el significado de la propia libertad. Y es cometido de la educación el formar en la auténtica libertad. Ésta no es la ausencia de vínculos o el dominio del libre albedrío, no es el absolutismo del yo. El hombre que cree ser absoluto, no depender de nada ni de nadie, que puede hacer todo lo que se le antoja, termina por contradecir la verdad del propio ser, perdiendo su libertad. Por el contrario, el hombre es un ser relacional, que vive en relación con los otros y, sobre todo, con Dios. La auténtica libertad nunca se puede alcanzar alejándose de Él.

La libertad es un valor precioso, pero delicado; se la puede entender y usar mal. «En la actualidad, un obstáculo particularmente insidioso para la obra educativa es la masiva presencia, en nuestra sociedad y cultura, del relativismo que, al no reconocer nada como definitivo, deja como última medida sólo el propio yo con sus caprichos; y, bajo la apariencia de la libertad, se transforma para cada uno en una prisión, porque separa al uno del otro, dejando a cada uno encerrado dentro de su propio “yo”. Por consiguiente, dentro de ese horizonte relativista no es posible una auténtica educación, pues sin la luz de la verdad, antes o después, toda persona queda condenada a dudar de la bondad de su misma vida y de las relaciones que la constituyen, de la validez de su esfuerzo por construir con los demás algo en común»[4].

Para ejercer su libertad, el hombre debe superar por tanto el horizonte del relativismo y conocer la verdad sobre sí mismo y sobre el bien y el mal. En lo más íntimo de la conciencia el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz lo llama a amar, a hacer el bien y huir del mal, a asumir la responsabilidad del bien que ha hecho y del mal que ha cometido[5].Por eso, el ejercicio de la libertad está íntimamente relacionado con la ley moral natural, que tiene un carácter universal, expresa la dignidad de toda persona, sienta la base de sus derechos y deberes fundamentales, y, por tanto, en último análisis, de la convivencia justa y pacífica entre las personas.

El uso recto de la libertad es, pues, central en la promoción de la justicia y la paz, que requieren el respeto hacia uno mismo y hacia el otro, aunque se distancie de la propia forma de ser y vivir. De esa actitud brotan los elementos sin los cuales la paz y la justicia se quedan en palabras sin contenido: la confianza recíproca, la capacidad de entablar un diálogo constructivo, la posibilidad del perdón, que tantas veces se quisiera obtener pero que cuesta conceder, la caridad recíproca, la compasión hacia los más débiles, así como la disponibilidad para el sacrificio.

Educar en la justicia

4. En nuestro mundo, en el que el valor de la persona, de su dignidad y de sus derechos, más allá de las declaraciones de intenciones, está seriamente amenazo por la extendida tendencia a recurrir exclusivamente a los criterios de utilidad, del beneficio y del tener, es importante no separar el concepto de justicia de sus raíces transcendentes. La justicia, en efecto, no es una simple convención humana, ya que lo que es justo no está determinado originariamente por la ley positiva, sino por la identidad profunda del ser humano. La visión integral del hombre es lo que permite no caer en una concepción contractualista de la justicia y abrir también para ella el horizonte de la solidaridad y del amor[6].

No podemos ignorar que ciertas corrientes de la cultura moderna, sostenida por principios económicos racionalistas e individualistas, han sustraído al concepto de justicia sus raíces transcendentes, separándolo de la caridad y la solidaridad: «La “ciudad del hombre” no se promueve sólo con relaciones de derechos y deberes sino, antes y más aún, con relaciones de gratuidad, de misericordia y de comunión. La caridad manifiesta siempre el amor de Dios también en las relaciones humanas, otorgando valor teologal y salvífico a todo compromiso por la justicia en el mundo»[7].

«Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados» (Mt5,6). Serán saciados porque tienen hambre y sed de relaciones rectas con Dios, consigo mismos, con sus hermanos y hermanas, y con toda la creación.

Educar en la paz

5. «La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra sin la salvaguardia de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad»[8].La paz es fruto de la justicia y efecto de la caridad. Y es ante todo don de Dios. Los cristianos creemos que Cristo es nuestra verdadera paz: en Él, en su cruz, Dios ha reconciliado consigo al mundo y ha destruido las barreras que nos separaban a unos de otros (cf. Ef 2,14-18); en Él, hay una única familia reconciliada en el amor.

Pero la paz no es sólo un don que se recibe, sino también una obra que se ha de construir. Para ser verdaderamente constructores de la paz, debemos ser educados en la compasión, la solidaridad, la colaboración, la fraternidad; hemos de ser activos dentro de las comunidades y atentos a despertar las consciencias sobre las cuestiones nacionales e internacionales, así como sobre la importancia de buscar modos adecuados de redistribución de la riqueza, de promoción del crecimiento, de la cooperación al desarrollo y de la resolución de los conflictos. «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios», dice Jesús en el Sermón de la Montaña (Mt5,9).

La paz para todos nace de la justicia de cada uno y ninguno puede eludir este compromiso esencial de promover la justicia, según las propias competencias y responsabilidades. Invito de modo particular a los jóvenes, que mantienen siempre viva la tensión hacia los ideales, a tener la paciencia y constancia de buscar la justicia y la paz, de cultivar el gusto por lo que es justo y verdadero, aun cuando esto pueda comportar sacrificio e ir contracorriente.

Levantar los ojos a Dios

6. Ante el difícil desafío que supone recorrer la vía de la justicia y de la paz, podemos sentirnos tentados de preguntarnos como el salmista: «Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio?» (Sal 121,1).

Deseo decir con fuerza a todos, y particularmente a los jóvenes: «No son las ideologías las que salvan el mundo, sino sólo dirigir la mirada al Dios viviente, que es nuestro creador, el garante de nuestra libertad, el garante de lo que es realmente bueno y auténtico [...], mirar a Dios, que es la medida de lo que es justo y, al mismo tiempo, es el amor eterno.

Y ¿qué puede salvarnos sino el amor?»[9]. El amor se complace en la verdad, es la fuerza que nos hace capaces de comprometernos con la verdad, la justicia, la paz, porque todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (cf. 1 Co 13,1-13).

Queridos jóvenes, vosotros sois un don precioso para la sociedad. No os dejéis vencer por el desánimo ante las dificultades y no os entreguéis a las falsas soluciones, que con frecuencia se presentan como el camino más fácil para superar los problemas. No tengáis miedo de comprometeros, de hacer frente al esfuerzo y al sacrificio, de elegir los caminos que requieren fidelidad y constancia, humildad y dedicación. Vivid con confianza vuestra juventud y esos profundos deseos de felicidad, verdad, belleza y amor verdadero que experimentáis. Vivid con intensidad esta etapa de vuestra vida tan rica y llena de entusiasmo.

Sed conscientes de que vosotros sois un ejemplo y estímulo para los adultos, y lo seréis cuanto más os esforcéis por superar las injusticias y la corrupción, cuanto más deseéis un futuro mejor y os comprometáis en construirlo. Sed conscientes de vuestras capacidades y nunca os encerréis en vosotros mismos, sino sabed trabajar por un futuro más luminoso para todos. Nunca estáis solos. La Iglesia confía en vosotros, os sigue, os anima y desea ofreceros lo que tiene de más valor: la posibilidad de levantar los ojos hacia Dios, de encontrar a Jesucristo, Aquel que es la justicia y la paz.

A todos vosotros, hombres y mujeres preocupados por la causa de la paz. La paz no es un bien ya logrado, sino una meta a la que todos debemos aspirar. Miremos con mayor esperanza al futuro, animémonos mutuamente en nuestro camino, trabajemos para dar a nuestro mundo un rostro más humano y fraterno y sintámonos unidos en la responsabilidad respecto a las jóvenes generaciones de hoy y del mañana, particularmente en educarlas a ser pacíficas y artífices de paz. Consciente de todo ello, os envío estas reflexiones y os dirijo un llamamiento: unamos nuestras fuerzas espirituales, morales y materiales para «educar a los jóvenes en la justicia y la paz».

Vaticano, 8 de diciembre de 2011

BENEDICTUS PP XVI


Notas

[1] Discurso a los Administradores de la Región del Lacio, del Ayuntamiento y de la Provincia de Roma, (14 enero 2011), L’Osservatore Romano, ed. en lengua española (23 enero 2011), 3.

[2] Comentario al Evangelio de S. Juan, 26,5.

[3] Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 11: AAS 101 (2009), 648; cf. Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio (26 marzo 1967), 14: AAS 59 (1967), 264.

[4] Discurso en la ceremonia de apertura de la Asamblea eclesial de la diócesis de Roma (6 junio 2005): AAS 97 (2005), 816.

[5] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 16.

[6]Cf. Discurso en el Bundestag (Berlín, 22 septiembre 2011): L’Osservatore Romano, ed. en lengua española (25 septiembre 2011), 6-7.

[7] Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 6: AAS 101 (2009), 644-645.

[8] Catecismo de la Iglesia Católica, 2304.

[9] Vigilia de oración con los jóvenes (Colonia, 20 agosto 2005): AAS 97 (2005), 885-886.

© Copyright 2011 – Libreria Editrice Vaticana

Balance de Fin de Año (2011)

En: General Escrito por: Silvana Gomez a las: 6:36 am

31 Dec

11

Queridos Amigos, quiero desearles un muy Feliz y Prospero Año Nuevo 2012, que este nuevo año este lleno de éxitos y realizaciones para ustedes y sus seres queridos, todo en armonía perfecta. Siento que el mejor obsequio que puedo darles este fin de año, es compartir con ustedes las sabias y motivadoras palabras de fin de año de la Dra. Marcella Prince, excelente profesora y profesional, de la cual he tenido el honor de ser su alumna. Espero que puedan encontrar en estas reflexiones un mensaje importante para cada uno de ustedes.

Balance de Fin de Año.

Para el cierre del año en importante hacer un balance personal de nuestros logros y nuestros esfuerzos, tanto los fructíferos como los que no fueron tanto. La idea es tener una relación de la efectividad de esos esfuerzos. Además es importante comparar los logros obtenidos con los propósitos que hicimos al comienzo del presente año, para tener idea de cuantos cumplimos, cuantos dejamos de cumplir y hacia donde debemos dirigir nuestros esfuerzos en el venidero año.

Comencemos por aclarar que todo esfuerzo siempre trae frutos, la experiencia deja huellas sí la reflexionamos y aprendemos de ella. La experiencia sólo es estéril  cuando no aprendemos de su mensaje y enseñanza, al igual que cuando soñamos y no actuamos.

¿Por qué pensar en un balance de fin de año?

La razón es simple, porque si no lo hacemos no podemos darnos cuenta de lo que hicimos bien y de lo que no hicimos tan bien. Porque al no contar con los detalles que nos da el balance, no podríamos repetir lo bueno y positivo, a la vez que sería imposible evitar lo malo y negativo. Este balance debe motivarnos para seguir en el mejor camino hacia nuestras metas personales, familiares, económicas y profesionales.

Entonces comencemos por resumir ¿Qué logros tuvimos en lo personal, familiar, económico y profesional? ¿Qué tantas cosas nuevas aprendimos? ¿Qué metas alcanzamos? ¿A cuántas personas hicimos felices, apoyamos, ayudamos, etcétera? ¿A cuanta gente enseñamos algo, ayudamos a soñar, ayudamos a convertir sus sueños en objetivos? ¿Cuánto sonreímos? ¿Cuán felices fuimos? ¿Salimos de vacaciones? ¿Cuánto avanzamos profesionalmente? ¿Cuidamos nuestra salud? ¿Progresamos o conseguimos metas sin dañar a nadie? ¿Estamos conformes con nuestro estilo de vida? ¿Hicimos ejercicio?, y muchas otras preguntas más.

Cada año que pasa debe dejarnos un legado de experiencias, reflexiones y aprendizajes, que contribuyen a enriquecernos y deben ayudarnos a cambiar, para podernos adaptarnos mejor a los nuevos tiempos. No debemos conformarnos sólo con nuevas arrugas y canas, como nuestros logros del año, ya que estas llegan casi de manera natural, aunque sin lugar a dudas nuestros problemas, preocupaciones y estilo de vida aportan su contribución al envejecimiento.

Hay preguntas adicionales que debemos hacernos acerca de nuestro futuro y no son muy complejas, simplemente debemos respondernos donde nos vemos en 5 ó 10 años, que estaremos haciendo y que debemos comenzar a hacer para llegar allí.  La solución es ponerle piernas a nuestros sueños, eso quiere decir convertirlos en objetivos, ya que “aparte de la lluvia nada nos cae del cielo”.

Queremos progresar en todos los aspectos, debemos entonces mejorar en todos los aspectos. Comprender que el camino será incierto y áspero sí sólo nos involucrarnos, en vez de  comprometernos. Tengamos siempre presente que “lo que somos y tenemos hoy día,  no es más ni menos que la cosecha de lo que sembramos ayer, y lo que tendremos mañana, no será ni más ni menos, que lo que sembremos hoy”.

¿Qué nos ha faltado para lograr las metas que nos hemos propuesto? ¿Tal vez no hemos sido lo suficientemente organizados? ¿No hemos puesto metas irreales? ¿Hemos compartido esas metas con las otras personas involucradas en su logro? ¿Hemos contado con la suerte y abandonamos esfuerzos? Recordemos esa reflexión de un entrenador de la NBA, que dijo “Mientras más duro entrenan los integrantes de mi equipo, más suerte tenemos al jugar”. En otras palabras la suerte acompaña al esfuerzo, trabajo y compromiso.

Para el nuevo año debemos plantearnos objetivos: Profesionales, Familiares y de Pareja, Económico – Financieros, Educativos, de Salud, Recreativos y de Descanso, Comunitarios, Espirituales, entre otros. Poner fechas y desglosar estos objetivos en pasos o etapas es clave para poder alcanzarlos.

El resultado siempre será relativo, ya que estará asociado con la etapa de nuestras vidas, por la cual estamos transitando; no obstante, el reto es seguir buscando el mejor camino para alcanzar la prosperidad, que es la adecuada mezcla de salud, éxito, felicidad y contribución a nuestra sociedad. Veamos el 2012 con optimismo y preparémonos para hacerlo realidad con trabajo y compromiso.

¡Feliz y  Próspero Año Nuevo  2012!

Esto fue noticia en el 2011

En: Análisis Internacional Escrito por: Silvana Gomez a las: 5:30 am

30 Dec

11

Desde el terremoto y el tsunami en Japón hasta la muerte de Kim Jong-il en Corea del Norte, pasando por la crisis en la eurozona, la primavera árabe, la enfermedad de Hugo Chávez, el movimiento Occupy en EE.UU. y el fallecimiento de Steve Jobs, el año que termina ha visto numerosos acontecimientos con repercusiones internacionales.

Vea en este video de BBC Mundo una selección de las principales noticias de 2011.

las Guerras del Futuro. DRONES. Aviones No Tripulados

En: Análisis Internacional Escrito por: Silvana Gomez a las: 5:17 am

30 Dec

11

Las compañías privadas en Estados Unidos están desarrollando aviones no tripulados que cada vez son más sofisticados y pequeños, y que en la mayoría de casos se utilizan en lugares donde combaten las tropas estadounidenses.
En unas semanas, la agencia que regula la aviación en EE.UU., podría aprobar nuevas normas que permitirían que estas aeronaves también sean usadas por las autoridades locales dentro del país.
De hecho, la policía de Los ángeles lleva años pidiendo que le den permiso para usar estos aviones, que algunas organizaciones dicen podrían violar la privacidad de las personas.

Conozca más sobre los nuevos aviones espía en este video de BBC Mundo.

Sal con una chica que no lee.

En: C-VALORES|General Escrito por: Silvana Gomez a las: 10:31 pm

29 Dec

11

Mujer Leyendo. Pierre Auguste Renoir

Por Charles Warnke

Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.

Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.

Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.

Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.

Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.

Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.

No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.

Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca.

Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.

Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.

Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.
Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace.

Por lo menos tiene que intentarlo.

Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo.

Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.

¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo.

Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.

Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.

Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.

Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.

O mejor aún, a una que escriba.

Urquico, R., & Warnke, C. (Mayo de 2011).

El Malpensante. Recuperado el Mayo de 2011, de El Malpensante

http://www.elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=1904

Back To The Future

En: General Escrito por: Silvana Gomez a las: 5:43 pm

28 Dec

11

No se pierdan este video de 1954 en el que General Electric (GE) se “imagina” el futuro… o mejor dicho se imagina nuestro presente. (DVR, la máquina de hielo, el freezer, lavaplatos, microondas, las videollamadas, smathphone, la tele 3D y la pc) etc, etc

Twitter @sgomezm